El canto de las aves forma una hermosa melodía, la sinfonía provocada por el viento me aturde.
Gotas de sudor abundan en mi rostro, aunque el frio sea intenso, la penumbra de la noche me siega y la ausencia de almas me atemoriza. El frio me quema, y la oscuridad me habla. La debilidad me condena a estar aquí por siempre
La falta de aire comienza a sentirse y mi cuerpo empieza a sufrir de hipotermia mis huesos empiezan a caer en el congelamiento que el frio les ofrece. Y mis ojos en el sueño eterno que el ángel de la muerte les quiere brindar
Me encuentro en un mundo ajeno al mío, un mundo difícil de entender.
Todo cambio desde aquel día. Los días se han hecho más largos; mi rostro refleja felicidad pero mi corazón siente tristeza. Los mío me abandonaron en medio del desierto; decidieron continuar su trayecto e intentar sobrevivir sin mí. Mi mundo se tornó entonces macabro; en aquel momento decidí vengarme algún día.
Ahora recuerdo que tan ágil fui con el engaño era experto en cambiar palabras por sonrisas y deseos por miradas. Era a vil en verdad para controlar las emociones que tenía reprimidas en lo que yo llamo cosmos pero que los ignorantes llaman pensamientos. El vacío me consume poco a poco. El frio es apocalíptico y un poco más la soledad es mi única compañía y mi sombra mi enemiga. La noche se sintió eterna y macabra; el frio decidía atacarme en pequeñas avanzadas de su presencia. La luna triste gritaba mi nombre, ella pedía compasión por mí – no lo logro- .
Ahora camino día y noche buscando la respuesta a aquella pregunta que me ha perturbado siempre.
Hace un día mi boca no conoce la frescura de aquel néctar fabricado por los dioses en el olimpo y obsequiado a los mortales aquí en la tierra –el agua- .
Mis pies se han hecho frágiles con el pasar del tiempo, ahora cada paso que doy me deja sentir el dolor que muchos infelices padecen en el infierno.´Mi piel reseca ya no da ni lastima. Y mi alma hecha pedazos le ruega a Dios un poco de misericordia.
Los nervios me empiezan a invadir poco a poco. El temor hace estragos en el interior de mi cuerpo. En lo poco de él que aún sigue intacto.
Las huellas del pasado se han tornado macabras, la sangre invade mis pensamientos, oscuras sensaciones mueren dentro de mí. En un bosque de ensoñaciones oníricas, experimento una metamorfosis.
Cansado voy por el desierto; aquel desierto que yo mismo construí. Acepto que mi imaginación es grande pero no obstante reconozco que se encuentra superada por el dolor que hoy por hoy padezco.
Aquellos ojos azules que solían alagar hoy ni se encuentran en condiciones de demostrar aquel dolor interno con el que he cargado y me cuesta dejar ; mi mente es perturbada constantemente por aquellos monstros que irónicamente yo mismo cree a los que alimento con mi propio odio y rencor forjados como espada en el mismísimo inframundo.
Me encuentro a diario en el borde entre aquella línea que me separa de la muerte, aquella línea que me trajo a la vida.
He callado muchas cosas, he evitado muchas otras, pero he resistido demasiado.
He decidido detenerme.
Sin poder encontrar ninguna respuesta.
Dios me ha ofrecido misericordia y la felicidad que nunca tuve.
¡¡Es hora de partir, hacia el cielo!!
Matthew David Rivera.
Deja que los sentido recojan lo que puedan, porque el pensamiento hará el resto. Sólo quiero que les guste lo que se hace, porque esa es la idea de esto.
Se cuidan mucho, y hasta la próxima mis amigos. Espero que tengas muchos éxitos.
Jose Botero
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