Las palabras

Las palabras como tal no duelen, lo que hiere o altera es la forma y el tono en que las dices.
Una palabra te puede llevar al fondo del precipicio, pero muy difícilmente puede ayudarte a levantar. Un tono de voz puede hacerte llorar y enojar, pero es muy difícil que te haga animar. Hay palabras que te llevan a la muerte, pero muy pocas te reviven.
Cada día lidiamos con personas que dicen ser superiores a nosotros por un simple título humano, pero ante los ojos de Dios todos somos iguales, la única diferencia es el nivel que cada ser tiene de ignorancia, de fe, de amor, de compasión, de lealtad, respeto, responsabilidad y de ser justo.
Un ejemplo de palabras que te pueden hacer cambiar o decaer serían las de hoy, o mejor dicho la actitud que tomaron al decírmelas, sé que no soy una santa, pero sé que ningún ser humano merece ser tratado, ignorado o que le hablen de una manera tan grosera sabiendo que existen formas diferentes de dirigirse a alguien más; pero bueno que más da, si no se puede alegar o hablar de ello debido a que ningún comentario que “atente” con la “ética” del colegio es aceptada por los “superiores”.
En muchas ocasiones sé que mi actitud, mis palabras, mi tono de voz, mis expresiones o todo lo que soy no es aceptada por los demás, sé que hay cosas que puedo corregir, algunas que puedo remediar, de todas sé que puedo aprender, pero sé que de pocas logro pedir disculpas a quien ofendí.
El mundo, o mejor dicho cada ser humano busca la perfección, una perfección que hasta el momento ningún hombre de la tierra ha logrado conseguir debido a los niveles de ignorancia que se apoderan de todo aquello que se desea, de aquellas palabras que siempre quedan en la mente y a punto de salir de tu boca, pero que al momento de intentar dejarlas libres llega un idiota que toma un alfiler, un hilo y tus labios para coserlos y así lograr el silencio y el deseo de cambiar el mundo.
Pero lo más increíble de todo esto que nosotros permitimos que todo lo malo se apodere de nosotros, que toda injusticia haga parte de nuestra vida cotidiana, que nuestra mente se cierre, que nuestros ojos se cieguen, que nuestra boca solo diga estupideces y que nuestra vida sea como una obra de marionetas que son manejadas por seres “superiores” (será en dinero porque no se me ocurre otra idea) que solo nos traen miseria durante el relato de cuento, pues solo hasta que la muerte llegue a nosotros.
Laura Zapata.
Con esa opinión de las palabras comienzo este post. Muchas veces nosotros mismos somos víctimas de los comentarios de los demás, ya sea porque tenemos una baja autoestima, o porque las palabras son muy fuertes y el apego con la persona que los dice, también tiene que ver con eso.
Laura Zapata es una amiga mia de un grupo juvenil, por esa razón no escribo sobre la biografia de ella ni escribo la fuente, ya que ella me lo envió por inbox
Jose Botero.
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